domingo, 5 de octubre de 2008

Jesús, reacio hacedor de milagros

Los milagros han tenido un rol extraño en la historia del cristianismo, proveyendo ocasionalmente una buena razón para la fe, y otras veces dando motivo a la incredulidad.

El historiador Eduardo Gibbon, por ejemplo, mencionó los «poderes milagrosos atribuidos a la Iglesia Primitiva» como una de cinco razones del crecimiento fenomenal del cristianismo en el Imperio Romano.

Por otro lado, los reformadores protestantes dieron poca importancia a los milagros, de los que a su parecer había abusado la Iglesia Católica. «El tiempo de los milagros ha pasado», declaró Lutero.

Hasta ahora nuestro siglo, dominado por la ciencia, había encontrado poco lugar para los milagros. Repentinamente, las revistas populares publican artículos en primera página sobre milagros de sanidad documentados. Última noticia: ¡los pacientes quirúrgicos se recuperan más rápido cuando otros oran por ellos! Es un cambio repentino. Las personas que no podían soportar los milagros de la Biblia demuestran ahora un interés intenso en milagros que los ayuden.

Mientras estaba escribiendo un libro sobre la vida de Jesús, me dediqué a estudiar todos los relatos de milagros en los evangelios, tratando de identificar tendencias. Las observaciones que siguen de ninguna manera constituyen una «filosofía de los milagros». Esto es lo que encontré.

1. Los Evangelios nos informan de unas tres docenas de milagros, algunos de sanidad grupal. (Juan nos dice que Jesús hizo muchos otros milagros que no fueron registrados.) Aunque los milagros impresionaron mucho a quienes los presenciaron, afectaron a un grupo relativamente limitado de personas que vivían en un pequeño rincón del mundo. Ningún europeo o chino fue afectado por el toque sanador de Jesús. Claramente, Jesús no vino para solucionar el «problema del dolor» mientras estaba en la tierra. Agustín y otros padres de la Iglesia estaban tan impresionados por los milagros que Jesús no llevó a cabo como con los que ejecutó.

2. Jesús resistía los milagros «a pedido» para probarse a sí mismo, aún cuando tuvo oportunidades espléndidas de hacerlo ante Herodes, con Satanás en el desierto, y en respuesta a las autoridades religiosas. Amonestó con severidad a quienes pedían un milagro, llamándolos «una generación malvada y adúltera.»

3. Jesús muchas veces trataba de que sus milagros fueran secretos, ordenando a las personas que no dijeran a nadie lo sucedido. Parecía desconfiar de la clase de fe que los milagros podían producir: la atracción que produce un espectáculo o la magia, no el tipo de compromiso sacrificado de por vida que Él requería.

4. Los milagros espectaculares producían distancia, no intimidad. Por ejemplo, cuando Jesús calmó la tormenta en el lago, sus propios discípulos se retrajeron de él, aterrorizados. ¿Es posible que esto explique por qué interfería con la naturaleza tan raramente?

5. La gente en los tiempos de Jesús no creía en los milagros con más facilidad que las personas en nuestra edad moderna y escéptica. En el capítulo 9 del Evangelio de Juan vemos que los fariseos hicieron una investigación formal para refutar la historia del hombre ciego. Más sorprendentemente aún, los soldados romanos que fueron testigos del mayor milagro, la resurrección, no experimentaron transformación alguna en sus corazones, sino que modificaron su historia a cambio de dinero.

6. La mayoría de los milagros de sanidad fueron el resultado de la compasión de Jesús: lo conmovía profundamente ver a otros sufrir. Sin embargo, varias veces Jesús huyó de las multitudes que le pedían cada vez más milagros.

7. Jesús tenía más interés en los milagros «espirituales» que en los «físicos». La escena en que el paralítico es bajado desde el techo es un claro ejemplo. «¿Qué es más fácil?» preguntó Jesús, «¿decirle al paralítico "tus pecados han sido perdonados", o decir "Levántate, toma tu camilla y anda"?» El ministerio completo de Jesús nos da la respuesta: la sanidad física era mucho más fácil. El perdón de los pecados requiere un acto de la voluntad de parte de quien lo recibe.

Jesús nunca encontró una enfermedad que no pudiera curar, un defecto de nacimiento que no pudiera corregir, un demonio que no pudiera echar fuera. Pero sí encontró escépticos a los que no pudo convencer y pecadores a quienes no pudo convertir. (Muchos ministerios han sido fundados para concentrarse en los milagros físicos, pero sé de pocos organizados para combatir pecados como el legalismo, el orgullo, el deseo sensual o la avaricia.)

8. Aunque no solucionaron todos los problemas, los milagros de Jesús constituyeron una señal de cómo el mundo debía ser y algún día sería. Eran, simultáneamente, un recuerdo del mundo antes de la caída y una visión del futuro.

En las palabras de R.C. Trench: «No se puede decir que la sanidad de los enfermos vaya contra la naturaleza, ya que la enfermedad que fue sanada iba contra la verdadera naturaleza del hombre. La enfermedad es lo anormal, no la salud. La sanidad es la restauración del orden primitivo».

9. Jesús no hizo milagros para recaudar dinero, aumentar su fama, o protegerse. A diferencia de otros hacedores de milagros, no trató de aumentar el misterio ni la sensación de maravilla, ni intentó apelar al sentido de la magia. Y aunque sus discípulos se lo pidieron, nunca hizo milagros para vengarse.

10. Jesús también hizo milagros para establecer sus credenciales, es decir, para que cuando declarara quién era tuviera alguna evidencia. «Aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre» (Jn. 10:38).

Oro por milagros todo el tiempo: una respuesta humana instintiva cuando las cosas van mal. Sin embargo, cuanto más estudio la vida de Jesús más han cambiado mis oraciones. Ahora trato de orar por el tipo de milagros que Jesús nos demostró.

Tomado de Christianity Today. Usado con permiso.

Philip Yancey es autor de varios libros y uno de los editores de la prestigiosa revista Christianity Today.

1 comentario:

  1. Creo que lo único que puedo comentar es: ¡wow!.
    Tomo permiso querido Anyul para escribirlo en una hoja y pegarlo en mi Biblia, ¿puedo?
    Saludos.

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